* La Muerte y el Estado Intermedio


¿Por qué mueren los creyentes?

1. La muerte no es castigo para los creyentes.

Castigo es retribución merecida por el pecado cometido. El pecado trae culpa, pena o castigo eterno y consecuencias o penas temporales. Cuando aceptamos a Cristo como nuestro salvador, nacemos de nuevo y no tenemos que pagar ningún pecado pasado. Ya no tenemos la culpa por los pecados cometidos, también somos libertados de la pena eterna o castigo de muerte eterna, pero todavía continua la pena temporal que arrastra nuestra naturaleza humana.

2. La muerte es el resultado de vivir en un mundo caído.

Dios en su sabiduría ha escogido no quitar todo el mal del mundo de inmediato, sino esperar hasta el juicio final y el establecimiento del reino en la nueva tierra. Todavía vivimos en un mundo caído y nuestra experiencia de la salvación todavía es incompleta. El último aspecto del mundo caído que será quitado será la muerte (1a Corintios 15,24-26. 54-55).

Aunque la muerte no nos viene como pena por nuestros pecados individuales puestos que estos han sido perdonados, sí nos viene como resultado o consecuencia de la naturaleza de portamos, de vivir en un mundo caído, en donde los efectos del pecado no han sido quitados. Relacionados con la experiencia de la muerte los creyentes tanto como los no creyentes experimentamos el envejecimiento, enfermedades, lesiones y desastres naturales. Aunque Dios a menudo responde a las oraciones para librar a los creyentes y no creyentes de algunos de estos efectos de la caída por un tiempo, con todo, los creyentes a la larga experimentarán todas estas cosas en alguna medida, y, hasta que Cristo vuelva todos envejeceremos y moriremos.

3. A veces el sufrimiento se debe a que Dios está disciplinándonos.

Dios nos disciplina para nuestro bien, pero en todo caso se nos asegura en Romanos 8,28 que Dios dispone todas las cosas para el bien de quienes lo aman, y los que han sido llamados de acuerdo a su propósito (Hebreos 12, 6.10-11). Debemos tener pendiente que no toda disciplina tiene el fin de corregirnos de pecados que hemos cometido; Dios también puede permitirla para fortalecemos a fin de que podamos lograr una mayor capacidad para confiar en él, y resistir al pecado en la senda desafiante de la obediencia (Hebreos 5,8; 2,10; Apocalipsis 2,10; Filipenses 3,10; 1,20).

4. Nuestra obediencia a Dios es más importante que preservar nuestras vidas.

El objetivo del mundo de preservar la propia vida física de uno a todo costo no es el objetivo más alto para el creyente: la obediencia a Dios y fidelidad a él en toda circunstancia es mucho más importante (Hechos 21,3; 25,11; 20,24)

Cómo debemos ver nuestra muerte

No debemos ver nuestra muerte con temor sino con gozo ante la perspectiva de ir a estar con Cristo (1a Corintios 5,8; Filipenses 1,21-23; Apocalipsis 14,13)

Cómo ver la muerte de nuestros amigos y parientes creyentes

En estos casos experimentamos genuina aflicción; pero mezclada con gozo de que se han ido a estar con el Señor. No es malo expresar real aflicción por la pérdida de comunión con seres queridos que han muerto, y tristeza también por el sufrimiento y adversidad que pueden haber atravesado antes de la muerte (Hechos 8,2; Filipenses 2,27). Tampoco es malo enterrarlo con honores, arreglar su tumba y visitarla como un recordatorio y señal de acercamiento.

Cómo ver la muerte de los no creyentes

Sentimos una tristeza muy honda (Romanos 9,1-5) porque ha partido una persona que ya no tendrá la oportunidad de acercarse a Dios. Cuando ha muerto un no creyente es errado darles a otros, alguna indicación de que pensamos que la persona ha sido salvada. Esto simplemente sería dar información errada y seguridad falsa, y restar la urgencia de la necesidad de que los que todavía viven confíen en Cristo.
¿Qué sucede cuando las personas mueren?

1. Los creyentes.

La muerte es la separación del alma y el cuerpo. Una vez que el creyente ha muerto, aunque su cuerpo físico queda en la tierra y es sepultado, en el momento de su muerte el alma va inmediatamente a la presencia de Dios (2a Corintios 5,8; Filipenses 1,23; Hebreos 12,23). Cuando Cristo venga las almas de los creyentes serán reunidas con sus cuerpos, sus cuerpos serán resucitados de los muertos y ellos vivirán en el paraíso con Cristo eternamente. El paraíso era el lugar en la tierra donde Adán vivía antes del pecado. El paraíso estará en la nueva tierra.

2. Los no Creyentes

Los no creyentes serán reservados para el juicio final. Hay quienes creen que los no creyentes entrarán inmediatamente al castigo eterno. Pero la Biblia en enseña que entrarán al lago de fuego después del juicio final. El problema es que se confunde infierno con el lugar de castigo final, pero son dos cosas o lugares distintos porque la Biblia dice que el infierno mismo será lanzado al lago de fuego. De modo que el infierno es un lugar temporal.

3. ¿Qué del purgatorio?

Según la enseñanza católica romana el purgatorio es el lugar a donde van las almas de los creyentes para ser purificadas más del pecado hasta que estén listas para ser admitidas en el cielo. Esta enseñanza tiene su apoyo en el 2° Macabeos 12,42-45. Esto no está de acuerdo con la enseñanza bíblica de que el pecado es quitado por la sangre de Jesucristo y el creyente ya no tiene que pagar por medio de ningún sacrificio. Pero la Escritura sí indica un juicio por las obras del creyente después de su conversión y parece que este juicio ocurre al momento de la muerte y antes del juicio final. Este juicio influye en el grado de beneficio o recompensa y puede estar acompañado de ciertos sufrimientos (1a Corintios 3,15). Mateo 5,26 es visto por algunos como una parábola que enseña una condición limitada de tiempo de castigo en el otro mundo.

4. La doctrina del sueño del alma.

La doctrina del sueño del alma es incorrecta. Esta doctrina enseña que cuando los creyentes mueren van a un estado de existencia inconsciente, y que lo próximo de lo que estarán conscientes será cuando Cristo vuelva y los resucite a la vida eterna. Esta doctrina ha sido enseñada ocasionalmente por diferentes individuos en la historia de la iglesia. El respaldo para esta doctrina del sueño del alma generalmente se lo ha hallado en el hecho de que la Biblia varias veces habla del estado de la muerte como "sueño" o "dormir". Todavía más, ciertos pasajes parecen enseñar que los muertos no tienen una existencia consciente. Pero cuando la Escrituras representan a la muerte como un sueño simplemente es una expresión metafórica usada para indicar que la muerte es solo temporal para los creyentes, tal como el sueño es temporal. Esto se ve claramente por ejemplo, cuando Jesús les dice a sus discípulos en cuanto a la muerte de Lázaro "nuestro amigo Lázaro duerme, pero voy a despertarlo (Juan 11,11). Luego Juan explica: "Jesús les hablaba de la muerte de Lázaro, pero sus discípulos pensaron que se refería al sueño natural. Por eso les dijo claramente "Lázaro ha muerto" (Juan 11,12-13).

Cuando en la Escritura se dice que los muertos no alaban a Dios, o que cesan de toda actividad, se debe entender desde la perspectiva de la vida en este mundo. Debajo del sol, como dice Salomón. En Hebreos 12,1 dice que estamos rodeados de una multitud de grandes testigos, justo después de un capítulo entero dedicado a la consideración de la fe de los santos del antiguo pueblo hebreo que habían muerto (Hebreos 11). Esto sugiere que los que han muerto y han ido por delante tienen alguna consciencia de lo que está sucediendo en la tierra. La Biblia dice muy poco en cuanto a esto, probablemente porque no quiere que hablemos de los que han muerto o que les oremos, o que hagamos contacto con ellos de alguna manera. Sin embargo Hebreos 12,1-2 nos da un ligero indicio, probablemente como un estímulo para que continuemos siendo fieles a Dios como lo fueron los que han muerto e ido al lugar de reposo antes que nosotros. De modo similar, al fin de Hebreos 12 el autor nos dice que cuando adoramos entramos a la presencia de Dios en el cielo, a la compañía de muchos millares de ángeles, a la congregación de los primogénitos que están inscritos en los cielos, a Dios el juez de todos, a los espíritus de los justos hechos perfectos (Hebreos 12, 22-24). Apocalipsis 6,9-11 y 7,9 también claramente muestran que las armas o espíritus de los que han muerto y han ido al cielo están morando y alabando, porque claman en alta voz... Y se les pide... Estos pasajes niegan la doctrina del sueño del alma, porque indican claramente que las almas de los creyentes experimentan comunión consciente con Dios en el cielo de inmediato después de la muerte.

5. Los creyentes del antiguo Israel no entraron de inmediato al morir a la presencia de Dios.
Es una aseveración correctamente fundamentada pensar que antes de la resurrección de Cristo no hubo regeneración. Los antiguos esperaban la promesa en Cristo, por lo que los creyentes del antiguo Israel no debieron entrar inmediatamente al cielo (entiéndase al lugar de espera delante de la presencia del Señor) al momento de la muerte.

Glorificación. -

La esperanza del cristiano es la gloria escatológica (Romanos 5,2). En este estado futuro tendrá un cuerpo nuevo moldeado en conformidad con el cuerpo glorificado de Cristo (Filipenses 3,21, un instrumento superior a aquel con que actualmente está dotado (1a Corintios 15,43). Glorificación significa la llegada a la meta en el propósito eterno de Dios e involucra la consumación de la redención lograda y asegurada por la obra vicaria de Cristo.

La aplicación de la obra redentora de Cristo a nosotros no estará completa sino cuando nuestros cuerpos estén libres por completo de los efectos del pecado y llevados a ese estado de perfección para el cual Dios los creó (Romanos 8,17.
23-24. 30; 1a Corintios 15,54-55).

La glorificación es el paso final en la aplicación de la redención. Tendrá lugar cuando Cristo vuelva y resucite los cuerpos de todos los creyentes de todos los tiempos, y los vuelva a unir con sus almas, y cambie los cuerpos de todos los creyentes que estén vivos, dándoles a todos los creyentes al mismo tiempo cuerpos perfectos de resurrección como el suyo propio (1a Corintios 15,51-52; 1a Tesalonicenses 4,4.16; Romanos 8,11; 2a Corintios 5,1-7).

La doctrina en el antiguo Israel

Los creyentes del antiguo Israel no tuvieron tanto detalle en cuanto a la naturaleza de la resurrección, con todo había ciertamente, una expectativa de un futuro día de resurrección corporal (Juan 11,23-24; Hechos 24,15; Hebreos 11,9. 13-16; Job 19,25-26; Salmo 49,15; 73,24-25; Proverbios 23,13-14; Isaías 26,19; Daniel 12,2; Ezequiel 37,1-14).

Nuestros cuerpos de resurrección ¿Seremos Espíritus?

No se gastarán, ni envejecerán, ni estarán sujetos a ningún tipo de enfermedad, pero tendrán todas las características de un ser humano. En estos cuerpos de resurrección claramente veremos la humanidad como Dios propuso que fueran. Nuestros cuerpos también serán resucitado en poder, les será dada plenitud de fuerza y poder; la fuerza que Dios quería que los seres humanos tuvieran en sus cuerpos cuando los creó (1a Corintios 15,42-44.49). Pablo dice que el cuerpo será resucitado como "cuerpo espiritual". En las epístolas paulinas la palabra espiritual más que no físico ser refiere a consistente con el carácter y actividad del Espíritu Santo. Pablo dice "ustedes que son espirituales" en Calatas 6,1. (ver Romanos 1,11; 7,14; 1a Corintios 2,13. 15; 3,1; 14,37; Efesios 5,19). Cuando en 1a Corintios 15,44 se dice que se siembra un cuerpo material y resucita un cuerpo espiritual, lo que se da a entender es que se siembra un cuerpo natural sujeto a las características y deseos de esta edad, y gobernado por su propia voluntad pecadora, pero es resucitado un cuerpo espiritual, completamente sujeto a la voluntad del Espíritu Santo y que responda a la dirección del Espíritu Santo. Tal cuerpo es un cuerpo físico resucitado al grado de perfección que originalmente Dios propuso.

Jesús demostró a los discípulos que él tenía un cuerpo físico que podía ser tocado, que tenía carne y huesos (Lucas 24,39), y que podía comer alimentos. El cuerpo de Jesús es nuestro modelo, era claramente un cuerpo físico que había sido hecho perfecto.

Varios pasajes indican que habrá una continuidad entre nuestros cuerpos presentes terrenales y nuestros cuerpos futuros de resurrección (Romanos 8,11; Filipenses 3,21; 1a Corintios 15,37-38. 42-44; 1a Corintios 15,51-53). El propio cuerpo de Cristo fue similar los suficiente en su apariencia para que los discípulos supieran quien era más bien rápidamente. Después de su resurrección, Jesús habría restaurado a la fuerza y juventud plena y perfecta en su apariencia.

La creación será Renovada

Romanos 8,19. 22-23 nos enseña que esta creación será renovada. No habrá más cardos ni espinos, no más inundaciones ni sequias, no más desiertos o selvas inhabitables, no más terremotos o huracanes, no más serpientes venenosas, ni avispas que piquen, ni hongos que maten. Será una tierra productiva, una tierra que florecerá y producirá alimento abundante para nuestro disfrute.

Los no Creyentes también serán resucitados de los muertos para enfrentar el juicio final (Juan 5, 29; Hechos 24, 15; Mateo 25, 31-46; Daniel 12,2).

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